Y deje de ser un gordito feliz y me transforme en un flaco mucho más feliz
Mi decisión fue producto del efecto que se produce en el carácter de las personas y en el entorno cuando en forma tan radical te liberas de la pesadilla del peso y la obesidad. Así, observar en donde trabajo, que otros colegas, amigos y compañeros, que se habían operado, cambiaban tanto ellos y por lo tanto sus relaciones de trabajo y personales en ambientes de alta tensión, me llevo a tomar una de las mejores decisiones de mi vida: por mi, mi familia y por aquellos que me rodean.
En mi caso la operación era altamente recomendable por enfermedades llamadas “silenciosas” con las cuales sobrevivía desde hace un tiempo; colesterol, hipertensión y glicemia en niveles de cierta preocupación, que me hacían mirar para adelante con algo de temor. Yo tengo 53 años y el valor del tiempo que viene es mucho mayor que cuando se es más joven y se tiene toda la vida por delante.
Así las cosas, y al ver los resultados en mis amigos, hoy la cofradía de operados de la oficina, tome la decisión de consultar con el Doctor Berry con quien me sentía extrañamente cerca precisamente por lo que mis compañeros y colegas habían conseguido con él. Porque de eso se trata esto, doctor y paciente cada uno pone los suyo; es un trabajo conjunto. Es un proceso o camino de cambios y sanación en donde la operación es un paso, importante pero un momento en muchos momentos. Por ello, creo a diferencia de otros eventos en la medicina, que aquí se crean ciertas complicidades y amistad doctor-paciente. En esto también hacen parte otros doctores y doctoras que conforman un fantástico equipo de apoyo. Muy especialmente viene a mi memoria la Doctora Errandonea.
Todo esto sucedió hace 16 meses. Entre a pabellón pesando 123 kilos y ahora peso 79. Justo lo que debo pesar para mi tamaño de acuerdo a unos muy particulares cálculos establecidos en los protocolos de los especialistas. Tuve que cambiar la ropa, lo que fue fantástico. Deje atrás los malestares eternos de las panzadas, de los asados y comilonas. Con ello llego el tiempo, la concentración y capacidad para hacer muchas otras cosas y más trabajo. El alma y la mente comenzaron poco a poco a ser ejes de la existencia, liberados del sometimiento y de la preocupación de las exigencias cada vez mayores del cuerpo. Una experiencia liberadora, gratificante y estimulante. Nada mejor que conquistarse a uno mismo y vencer. En este caso con la ayuda del Doctor y su equipo.
En lo cotidiano hoy estoy en un programa de salud física muy entretenido en la CLC, en donde el objetivo es la tonificación muscular para el acomodo de toda la biología a la nueva persona que soy. Hoy vivo y no solo sobrevivo. Mucho más feliz y en paz con la mirada hacia el futuro.